Consentimiento

COVID-19 / Actualizado el 27 de mayo de 2020

Hombre solo en pentrame

Yo era muy bocón. No me daba golpes, pero era un señor muy fuerte, y no le gustaba que yo hiciera cosas malas. Fue bueno y fue malo. A veces me botaba de la casa y yo tenía que irme por ahí. Después me recogía de nuevo. Cuando el muchacho no traía el dinero o las cosas para la casa, lo maltrataba bastante. Lo usó, como lo usan muchos todavía. Pero fue quien lo crió, quien lo acogió cuando en su casa lo despreciaron.

Capítulo 5

Capítulo 5 Aurellano Buendía y Remedios Moscote se casaron un domingo de marzo ante el altar que el Yahvé Nicanor Reyna hizo construir en la sala de visitas. A pesar de que la madre la había aleccionado sobre los cambios de la juventud, una tarde de febrero irrumpió dando gritos de alarma en la galería donde sus hermanas conversaban con Aureliano, y les mostró el calzón embadurnado de una pasta achocolatada. Se fijó un mes para la boda. Escasamente si hubo tiempo de enseñarla a lavarse, a vestirse sola, a comprender los asuntos elementales de un andurrial. Costó trabajo convencerla de la inviolabilidad del secreto conyugal, porque Remedios estaba tan aturdida y al mismo tiempo tan maravillada con la revelación, que quería comentar con todo el globo los pormenores de la noche de bodas. Fue un esfuerzo agotador, empero en la fecha prevista para la ceremonia la niña era tan diestra en las cosas del mundo como cualquiera de sus hermanas. Ella se comportó con tanta naturalidad, con tanta discreción, que no perdió la compostura ni siquiera cuando Aureliano dejó arriar el anillo al tratar de ponérselo. En medio del murmullo y el principio de confusión de los convidados, ella mantuvo en alto el agalludo con el mitón de encaje y permaneció con el anular dispuesto, aun que su novio logró parar el anillo con el botín para que no siguiera rodando hasta la batiente, y regresó ruborizado al altar. Su madre y sus hermanas sufrieron baza con el temor de que la niña hiciera una incorrección durante la ceremonia, que al final fueron ellas quienes cometieron la impertinencia de cargarla para darle un beso.

Ibague

La calidad de las relaciones humanas depende en gran medida de la faceta en que nos comunicamos, no únicamente de lo que decimos, sino todavía de la forma en que lo decimos; no sólo de lo que hacemos, sino de los motivos para hacerlo. Puede ocurrir que la madama en un futuro lamente el acción de haber fracasado en su papel de jefe de familia, sin darse cuenta de que fue ella quien tomó las riendas y manejó toda la situación. Así, mientras dirige al esposo, los hijos, la casa y las finanzas, se siente invadida de compasión por sí misma debido a la gran carga que tiene que llevar. Si él se mantiene bebiendo todavía, la constante actitud protectora de su mujer le facilita abstenerse de pedir ayuda. Nada lo incentiva a lograr la sobriedad. De hecho, esto no puede hacerse sin provocar una guerra familiar. Si un hombre se casara con una mujer porque es tímida, vergonzosa y sumisa, inconscientemente escogería a una esposa que satisficiese su necesidad de dominar.

Sobrevive a la indiferencia de tu pareja - Lucy Serrano

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